El Cuarto de Juego de la Casa del Baobab se ha configurado atendiendo por un lado a fomentar el desarrollo de la imaginación del niño/a a través del juego libre: surtido de materiales y juguetes naturales (madera, lana, tejidos naturales, etcétera), muchos de ellos confeccionados por nosotros, en contra de la tendencia de ofrecer al niño/a objetos "ya acabados". Tratamos que estos juguetes sirvan al niño en este momento de desarrollo (de uno a cuatro años) en el que cada objeto o juguete se puede convertir en otro y en otro sucesivamente. De esta manera animalitos de madera o de punto, troncos, conchas, telas, etc, sin mucha definición sino en su estado más puro, servirán al niño para esta actividad tan seria e importante como es jugar. Por otro lado, a su acceso están objetos de la vida diaria en sus momentos de juego (como una cocinita, o cunas para las muñecas), con el fin de que libremente puedan imitar nuestras tareas y ejercitarlas.
Por otro lado la pedagogía Waldorf da un gran peso a la importancia del arte, por lo que no sólo se fomenta el desarrollo de la creatividad poniéndole a su disposición todo tipo de materiales, sino que el/a educador/a, al hacer manualidades, coser, confeccionar juguetes, etcétera, ante el niño, le transmite la importancia de "crear", hacer cosas por sí mismos, con sus propias manos, equilibrando un poco la tendencia contemporánea de encontrarse continuamente en un mundo "virtual" con los medios que nos ofrece la tecnología. A su vez el/la educador/a le hace llegar la tranquilidad, la concentración, la atención, que él mismo muestra al involucrarse en el proceso creativo, cualidades tan necesarias para el aprendizaje a lo largo de la vida.
En la Casa del Baobab, con los niños más mayores realizamos una actividad diaria antes del desayuno, como modelar con cera natural de abejas, pintar con ceras naturales y acuarelas, hacemos pan, bizcochos y otros postres, y siempre, en función de la temática que nos da la época del año, nos dedicamos a distintas manualidades.
Nuestras investigaciones muestran de un modo claro que el adulto ha de dejar que el niño/a haga las cosas por sí mismo/a en la medida de lo posible, que juegue solo o con los demás niños, mientras el educador observa activamente e interviene en el juego en momentos conflictivos. El educador/a educa con su ejemplo, sus actos y actitud de persona adulta y de afecto hacia los niños, dándoles toda la calma y tranquilidad para que los niños/as puedan, sintiéndose protegidos, desplegar su voluntad y aventurarse en su juego infantil. Los/as educadores/as proporcionamos el espacio tanto físico como anímico para que el niño pueda crecer por sí mismo.